Es que me gusta ese título… pero realmente lo que quiero publicar es que mi tía Portala, Catalina le dicen en la residencia, este 31 de marzo de 2018, ¡cumple 102 años!
Y es que no todos los días uno puede presumir de tener un familiar que cumple esos años, .. y aunque siento pudor por ello, en cierto modo me creo obligado a comentarlo.
Ella sigue siendo la misma que describíamos hace un par de años. Mantiene su carácter fuerte, que no reprime cuando no entiende lo que se le dice o se le molesta más de la cuenta, y su alegría fácil que la anima a cantar contigo en cuanto se lo propones.

Portala y Encarnita Mayo 2017
De su ceguera casi completa ya ni se acuerda ni casi lo comenta. Pareciera como si lo hubiera sido -ciega- toda la vida.
Vida, la suya, que recuerda vívidamente, sólo a retazos. Periodos temporales que, cuando se le invocan, parece que los viviera de nuevo en el momento actual. Y se pregunta ¿Dónde está mi madre? ¿Y mis hermanas?… y sólo al cabo de un rato, en contadas ocasiones .. ¿se fueron?…
Y es que la ceguera, la silla de ruedas … y la soledad, la ciega soledad y el aislamiento que provoca un día tras otro, sólo interrumpido por la actuación de las cuidadoras y enfermeras, diligente, profesional y cariñosa, pero forzada por la rutina que impone la disciplina de una residencia de ancianos dependientes.
A pesar de todo ello, son sólo buenas emociones las que ella, siempre nos transmite… ¡Cuanto me gusta que vengáis a verme!, ¡Yo estoy bien!, ¿A mi? ¡No me duele nada!…
Me gusta besarla, acariciarla y tomarle las manos…. es mi tía Portala.
Las edades de la vida.
Las tenemos establecidas: infancia (de 0 a 4, mi nieto pequeño), niñez (5 a 10, mi nieto mayor), pubertad (10 a 14 mi sobrina menor), adolescencia (14 a 21, su hermana). adultez (21 a 55, mis hijos -¡quién lo diría!-), vejez (56 a 70, ¡nosotro ya!) y ancianidad (desde los 70… ellas…), son “las habituales”, pero tal y como parece que va la cosa habrá que ir pensando en alguna más .. que comprenda un nuevo último periodo quizás desde los 95 … en el que la una mayor y casi completa dependencia (en lo físico) sea la característica más destacada.
O quizás sea mucho mejor rehacer al completo esta clasificación y definir una nueva “aritmética de la edad”.
Guau. Que interesante reflexion.