Aquellos viejos papeles…

Todos, en algún momento, hacemos limpieza en casa. Y no me refiero a barrer, fregar o sacar lustre a los muebles, sino a ese temido momento en el que de manera decidida amontonamos en una pila muchos viejos papeles, cuadernos, agendas y documentos de todo tipo, que en algún momento fueron importantes, valiosos o simplementes curiosos y se quedaron ocupando un lugar en alguna estantería o armario en dónde, ahora, molestan.

En una primera fase de ese «impulso» todo aquello pasa a ocupar un montón en un lugar «menos molesto», para liberar el buscado nuevo hueco. «Luego lo miraré…», nos decimos. Con suerte, en algún otro momento, si el nuevo impulso no nos lleva a tirarlo todo a la basura sin más revisión, tomamos el primer documento de la pila y lo miramos con algún detenimiento… ¡ah esto era…si..el informe final del proyecto tal o cual!. O si se trata de una foto… ¡anda mira la jubilación de Pérez,… mira qué jovenes…si y éste otro…¿cómo se llamaba?…!.

Y tras un minuto de duda lo volvemos a dejar donde estaba, o en el fondo de una nueva pila esperando una nueva revisión… si llega.

Confieso que no tengo remedio. Todo me parece interesante.

Es inabarcable. La vida humana, la de cada uno de nosotros, es un «pis-pás» en la imncomensurable eternidad del tiempo y el espacio, pero en lo «micro» se me antoja que es tambien inmensa. En cada minuto de nuestra vida, continuamente dejamos pruebas y testimonios de nuestra actividad, de nuestros pensamientos y de nuestro paso por ella. Sin duda, ¿afortunadamente? sólo una ínfima parte de esas pruebas o testimonios del tipo que sean, sobrevive (¿vive?), quiero decir perdura más allá de unos momentos… desvaneciendose después. Sin embargo, esos otros pocos testimonios quedan ocultos (o no) y se preservan de manera indefinda o al menos por un tiempo largo a nuestros ojos «humanos».

¿Quién no ha guardado algunas cosas en una caja de puros?

Esto que ha sido así siempre pero ahora, en la era de la información, se viene multiplicado exponencialmente. Esos «viejos papeles» conservan pedacitos del puzzle de nuestras vidas… y con ellos se pueden construir historias.

Aquí un caso práctico.

En la época de nuestros padres (el que escribe es sesentón) se usaban las agendas, no las electrónicas, si no en papel, y era habitual que las grandes empresas la regalaran a sus empleados y clientes a final de cada año. Muchas he tirado sin estrenar, pero otras contienen un pequeño tesoro si sabemos mirar…

El otro día me encontré con una cuantas de las que editaba el Banco de Vizcaya en los años 60 del siglo pasado y que mi padre empleó y conservó en una caja de «Montecristos». Y en la tesitura de qué hacer con ello… abrí una al azar…

«R-4 SUPER»

Aquél martes 5 de abril de 1966 dedicado según el santoral a San Vicente Ferrer, yo tenía 8 años y vivíamos en Bilbao, mi padre pagó 10.000 pesetas por el encargo de su primer coche un «cuatro latas» modelo R4 Super. En seguida pensé ¿cuánto valdría el coche completo?, pues sin duda esto sería solo una parte del total.

Sin pensarlo más recurrí a Google… «precio R4 en 1966, pero después, entre los papeles de otro montón, lo encontré, los recibos de los pagos del coche perfectamante conservados, ahí están…

Exactamante aquél primer coche le costó a mis padres 112.060 pesetas de entonces. No vale calcular cuantos euros son ahora pues hay que tener en cuenta el incremento de costes (la inflación entonces era brutal -casi como la de ahora-). Mejor comparar con el salario mínimo que se incrementó en 1967 hasta las 2.500 ptas/mes (en 1963 cuando se fijó por primera vez eran 1.800 ptas/mes) anualmente eran 30.000 ptas. es decir el R4 L SUPER costaba en aquellos años casi cuatro veces la anualidad de un salario mínimo.

Por hacer el ejercicio completo, en 2022 el SMI (Salario Mínimo Interprofesional) alcanzó los 1.000 €/mes (14.000 € al año) y un coche equivalente viene a costar menos de 12.000 € es decir menos de un salario mínimo anual. En conclusión, en proporción, comprarse un coche tipo «cuatro latas» en 1966 era cuatro veces más costoso que en la actualidad.

Pero sigamos con la agenda…

Pasando hojas adelante encontramos más pistas. Y alguna desconcertante.

Por cierto aquél 1 de Mayo, San Jose Obrero, hice la primera comunión… y eso no quedó apuntado en la agenda.

El 10 de mayo, S. Antonino, leémos «Examen Conducir»… ¡ojiplático me quedo!… ¡¡así que habiendo ya pagado parte del coche, aún no tenía carnet de conducir!! ¡Vaya con mi padre!

Me consta que aprobó a la primera, y asi lo pude comprobar encontrando su viejo permiso de conducir, en otra caja de puros, fue expedido unos días después con fecha del 27 de mayo. ¡Ufff!

Y mientras esperaba el carnet definitivo completó el pago del coche al concesionario el 23 del mismo mes.

Y por fin, el 16 de junio, S. Juán Francisco de Regis, teníamos el coche casi dispuesto y matriculado BI-89842, con su número de motor y de chásis que mi padre apuntó en su agenda, pero hubo que esperar al lunes siguiente, S. Silverio, para la entrega.

La primera semana del R4con

Con 18 km en el cuentakilométros nos lo entregaron, el rodaje previo, y se llenó el depósito con 25 litros de gasolina. Serían del tipo «super» o «normal», no sabemos, pero sin duda «con plomo», pues entonces no había de otra…

Y como consta en la vieja agenda, la primera semana se rodó el nuevo vehiculo hasta los 460 km que se indica el sábado, para lo que hubo que añadir otros 15 lítros de combustible y además, suponemos que cumpliendo las indicaciones del fabricante, cambiarle el aceite motor antes de los 500 km. (por 80 ptas.). ¡Qué cosas!

Tampoco está en la agenda, se ve que en los dias festivos se quedaba relegada, pero recuerdo que en la misma parroquia en la que hice la comunión, de la Santa Cruz, el nuevo coche fue «bendecido» por el parroco, Don Juán, que salía del templo con el hisopo de agua bendita, en lo que ahora nos parecerá una ceremonia fuera de lugar o cuanto menos curiosa, efectivamante propia de aquellos tiempos.

Muchas cosas no sugieren estos datos y nos llaman la atención. Por ejemplo el corto plazo para conseguir el carnet de conducir, en apenas un mes.

Con aquél primer coche familiar y durante los cuatro años que lo tuvimos (se le harían casi 70.000 kms, y en 1970 fue sustituido por un «moderno R6»), pudimos visitar a toda la familia y realizar muchos viajes tras nuestra vuelta a Madrid.

Y aprovechando que aquél mismo año en un viaje a Canarias, mi padre se compró su primera máquina de fotos, una Yashica que todavía andará por algún cajón… aquí las fotos que he encontrado del R4 (podéis verlas en modo galería pinchando en una de ellas).

En fin, es lo que pasa cuando se quiere poner «orden en casa» y tirar viejos papeles… al final termina uno sacando viejas fotos… y contando batallitas.

¡Ya sabéis si queréis limpiar tirarlo todo sin mirar…!

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About Jose Ramón Iglesia

Inquieto e interesado en casi todo...
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1 Response to Aquellos viejos papeles…

  1. Avatar de Cefe Cefe dice:

    Que buenos recuerdos en ese baúl que vamos dejando todo . Además el comienzo de la nueva vida en Madrid , donde tuvimos la suerte de conocernos . Un abrazo

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