Hoy, día de eclipse total en España, es un buen momento para hacer esta reflexión filosófica (con perdón). Hace un tiempo decíamos en este mismo blog que «lo real no importa»… nos referíamos entonces a lo virtual, pero ¿qué es la realidad?.
¿Realidad o realidades? Nada se opone en la definición de la academia a la existencia «plural» de la realidad… ¿o sí?
Pero sigamos, si recurrimos al término «real» … el diccionario nos deja igualmente en la duda:
Muchas y distintas realidades pueden tener «existencia verdadera y efectiva»… y además simultaneamente. Todo depende de los que la(s) percibimos… e interpretamos.

Ahí está la dichosa realidad, ahí la tenemos… y solo tenemos que «verla» o mejor interpretarla (pues para ver tenemos que tener ojos y en cualquier caso lo que siempre tenemos es la mente).
¡Qué fácil! Repasemos…
«He aquí la realidad y nosotros interpretándola»
¡Menudo follón! Nosotros interpretando la realidad.
Si simplificamos podemos dar por hecho que la realidad es única. Un engaño, … pero dejémoslo así. Sigamos.
Parece estar claro que «nosotros» somos muchos, muchísimos. Diferentes e individuales, … solos.
Cada uno de sus padres, cada uno con su forma de pensar, optimista o pesimista, con sus conocimientos e ignorancias, con sus complejos y experiencias vitales… con sus palabras y sus realidades…
Con sus costumbres y tabúes, lenguas y culturas, tradiciones y creencias, rutinas y celebraciones, capacidades y especialidades…
Con sus particulares genes, debilidades y fortalezas…
Todos diferentes. Maravillosamente diferentes…
…
Y ahora,… nosotros… ¡interpretémos la realidad! o «las realidades».
¿Algún problema?
¿Podemos así asegurar que interpretamos de igual manera nuestras realidades? Lo más probable es que apenas coincidan.
Pero…
Pero tenemos una maravillosa capacidad para convivir para aceptar la diferencia. Así que adelante…
…
Imaginemos que un nuevo, y por tanto desconocido, virus aparece y se hace protagonista de la realidad.
¡Interpretemos la realidad!
¡Todo salta por los aires! Ni tan siquiera aquello que habíamos acordado que era inmutable, intocable, absoluto… ahora parece no serlo.
Calma. … ¡Reflexionemos!
No hay nada nuevo.
Reconduzcamos. Entonces… «nuestra realidad»… ¿es un juego de palabras?
Planteemos la duda:
¿Son las palabras las que crean las realidades?. El lenguaje las define, o ¿las propone y confecciona?
Si aceptamos esto, entonces: Es el poder de la dramaturgia. Es el teatro de la vida.
Interpretemos el drama como obligados actores que somos.
El guion está por concluir… en nuestras manos está la capacidad de modificarlo, de convertirlo de tragedia en … ¿comedia?… al gusto.
Pero, por favor, … ¡disfrutándolo!
A modo de colofón:
Ciertamente (iba a decir ¡en realidad!), da lo mismo que lo mismo da.
Se puede afirmar (o no) que existe una única realidad objetiva o que son varias realidades diferentes simultaneas, pero independientemente de ello, cada uno de nosotros, cada persona, con sus palabras (su lenguaje) construye y vive un significado diferente de esa realidad que percibe e interpreta.
Sea como sea ¡Disfrutémoslo!



